Administración digital e Inteligencia artificial ¿un nuevo paradigma en el derecho público?

Entrada original publicada en concepcioncampos.org

Se acaba de publicar la obra «Repensando la administración pública. Administración digital e Innovación pública», obra dirigida con maestría por el Profesor Carles Ramió, e impulsada por Mariano Enguita, ex Director del INAP, en el marco de un conjunto de seminarios realizados en el verano de 2020, conocidos como «Encuentros 2020», disponible aquí, en la que he tenido el honor de participar, primero en el formato seminario, y ahora en esta publicación que, sin duda, será todo un referente en la materia, tanto por la calidad de los magníficos profesionales que participan en el mismo como de sus aportaciones.

En mi colaboración he abordado la temática «Administración digital e Inteligencia artificial ¿un nuevo paradigma en el derecho público?». Una pregunta más que necesaria, porque aunque la relación entre el hombre y la máquina y la búsqueda de una IA es una vieja aspiración del ser humano, ya Ramón Llul (1232-1316) que proponía ya el Ars Machina, como una máquina destinada a realizar pruebas lógicas y facilitar el razonamiento. También podemos señalar los hitos del Test de Turing (1950) y la creación de las Leyes de la Robótica de Asimov como puntos de referencia en el imaginario colectivo, a pesar del tiempo transcurrido, se sigue recurriendo a la cita de las normas creadas por Asimov ante el vacío regulatorio de normas claras aplicables ante estas nuevas realidades. Por eso en mi contribución a esta gran obra abordo intenta analizar la digresión entre regulación, desregulación o autorregulación, para establecer beneficios y riesgos de cada una de ellas. 

No parece que el sector público se esté tomando suficientemente en serio el tema de las tecnologías disruptivas y su impacto en la gestión pública. El reciente Reglamento de Actuación y Funcionamiento del Sector Público por medios electrónicos y sus grandes silencios así lo demuestra. Reactiva. Si tuviésemos que utilizar una única palabra para describir la posición de la administración pública ante los vertiginosos cambios que está experimentando a nivel global la sociedad, probablemente ésta sería una de las que definiría con mayor precisión la actitud en la gestión pública frente a la aparición de las tecnologías de la información y la comunicación, y, en particular, frente a aquéllas que presentan un mayor factor de disrupción. Y reactiva en el mejor de los casos, cuando no se presenta como inactiva, una administración pública que, cual estatua yacente, observa pasar los cambios sin moverse ni un ápice de su posición, esperando que, quizás, en esta ocasión, el cambio pase de largo.

Para pasar de AAPP reactivas a AAPP proactivas es importante no confundir el eje de este escenario y no confiar todo a la tecnología, porque más allá de las difíciles y burocráticas arquitecturas institucionales, al frente de las administraciones se sitúan personas que, tras un primer momento negacionista, y ante la inevitabilidad de la transformación han adoptado posiciones pragmáticas, promoviendo una reiterada procrastinación que les permita no ocuparse (ni preocuparse) del necesario cambio, transformación diría yo, que debe experimentar la gestión pública y que, forzosamente, deberá acompañarse del ordenamiento jurídico, del marco regulatorio, pero no en su versión más tradicional, sino impulsando un cambio de paradigma. Porque en estos tiempos líquidos (Bauman, 2002), la palabra clave, también en el mundo jurídico, es la experimentación, la posibilidad de articular procesos de prueba con facilidad adaptativa, procesos exploratorios que, a priori, tan mal encajan con las visiones sólidas del derecho administrativo, con la rigidez de unas instituciones todavía parcialmente ancladas en el S XIX.

Para abordar esta cuestión, en el capítulo seguimos una estructura dual. Por una parte, analítica y descriptiva, fijando las bases del modelo existente con los aportes que, vía instrumentos de distinta naturaleza, se han ido produciendo de un modo destacado en la Unión Europea y algunas aportaciones en España, sin olvidar herramientas de alcance internacional, como las procedentes de la OCDE. Este marco teórico se acompaña de un análisis de implantación de IA en la gestión pública, demostrando, empíricamente, que más allá de marcos regulatorios, los avances tecnológicos han ido permeando la gestión pública, que es posible que las AAPP sean innovadoras y digitales, pero que no es suficiente la existencia de ejemplos aislados, de campos de prueba, es preciso articular ecosistemas en los que un nuevo modelo de administración fluya y se asiente. Y, en la segunda parte, se enfrentan los principales retos regulatorios a los que se enfrentan los poderes públicos y cómo asumirlos con enfoques diferentes, pues más allá de la oportunidad de una regulación exhaustiva y precisa en este momento, el liderazgo del sector público en este ámbito se puede ver comprometido incluso por lo que respecta a la utilización de la IA en su propia actividad, abocando a las Administraciones públicas a adoptar respuestas meramente reactivas, cerrando con la fijación de una agenda pública para que este cambio de paradigma consolide dicho modelo.

Es preciso levantar la mirada de regulaciones concretas, limitativas y prácticamente obsoletas antes de llegar a publicarse en boletines y diarios oficiales, y apostar por una visión de futuro, por ecosistemas de ordenación, ecosistemas de confianza (en términos europeos), más basados en principios y valores, y en la garantía de derechos. Eso no significa negar cualquier papel al derecho, sino admitir, ahora sí, que nos encontramos ante un cambio de paradigma, en el que debe evitarse que la necesaria reconfiguración las garantías jurídicas conduzca a la mera sustitución de la burocratización por la mera tecnificación en busca de la eficacia y la eficiencia a toda costa, como si la innovación tecnológica se opusiese directamente a la ordenación. 

No cabe duda. La actuación de los poderes públicos debe pasar por un nuevo enfoque que, frente a los rígidos (y en muchos casos anacrónicos) corsés del derecho público avance de la “burocratización electrónica” hacia la vía de la “experimentación regulatoria”, sin perjuicio de una rigurosa evaluación, pues en espacios de cambios y disrupciones, no es posible conocer el alcance de los riesgos y los beneficios de una regulación hasta que es objeto de prueba. Pero en la revolución de la IA no tiene que ver sólo con que los ordenadores sean cada vez más rápidos y listos sino que también se impulsa por descubrimientos en ciencias de la vida y las ciencias sociales, tomando en consideración el factor humano,  sin olvidar la relevancia de la transformación cultural a través del eje personas y el ejercicio de un necesario liderazgo desde el sector público.

NOTA: La obra está disponible para su descarga gratuita en el siguiente enlace

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